lunes, 26 de noviembre de 2012

Dos borrachos


Un par de borrachos se ven tirados en medio de la afluencia de la gente en una calle transitada. La necedad se oye por doquier, además de injurias y platicas sin sentido habituales en alguien intoxicado por este líquido. Palabras machistas junto a risas escandalosas son los que varias personas detectan al pasar por esta desconcertante imagen.

Hay dos borrachos tirados en la calle y sus promontorios estómagos son una bandera visual de que están allí a los transeúntes de que pasan mientras están absortos en sus problemas y preocupaciones.  

Su olor confirma su existencia entre mezclándose en los perfumes de las personas de negocios, el aceite quemado de la comida que vende a unos metros y la tierra mojada del parque recién bañado con una lluvia espontanea.

Son amigos del licor yendo y viniendo en el cariño de hermanos al odio encarnado. Pasan los minutos y pareciera que el tiempo se detuviera para ellos dos que tienen conversaciones tan profundas y que no recordaran al amanecer.

Puede ser que la botella determine su felicidad o la tristeza de su existencia, pero a ellos no les importa, mientras exista licor y compañía la alegría se mide en litros y sin consecuencias.

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